Crónica del Ultra Trail des 4 Massifs. Grenoble, 19 a 21 de Agosto 2016 by Pruden

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  • “Eso se hace con las tres bes: “Valor, voluntad y vuevos””. Anónimo.
  • “Ese chaleco me costó como a Adán, dos Evas”. José Luis Gutiérrez, 2016.

Aviso, esto es largo: léalo en pantalla grande, tómeselo con tranquilidad, y no se tome muy en serio algunas partes. Ahí va:

Después de la UTMB de 2015, se planteó qué prueba hacer este año, y mi compadre argentino José Luis Gutiérrez y yo acordamos intentar volver allí, pero como sabéis la demanda de plazas es enorme, de forma que nos quedamos fuera en el sorteo, y hubo que buscar una prueba alternativa.

Entre las múltiples posibilidades, la que más nos convenció fue la UT4M, Ultra Tour des 4 Massifs, http://ut4m.fr/en/, un bicho consistente en subir y bajar los 4 macizos montañosos (Vercors, Oissans, Belledonne y Chartreuse) que rodean Grenoble. Grenoble está en el valle del Isère, Alpes, a apenas 200 metros de altitud, pero con unas montañas mu salás alrededor. La carrera discurre a lo largo de 169 km y tiene 11.111 m D+, con terreno mucho más técnico que la UTMB, y 54 horas de tiempo máximo. Además Daniel Hernando la hizo en 2014 y contó su experiencia y sus impresiones sobre la prueba.

1. El perfil de la broma.

Preparé la carrera más y mejor que otras similares en anteriores ocasiones, y el lunes 15 aterrizamos en Lyon, dimos una vuelta por la Presqu’ile, que es una península junto a la confluencia del Ródano y el Saona, la basílica de la Fourvière, el casco antiguo, y al apartamento. Pedazo de ciudad, muy bonito Lyon. Al día siguiente entrenamos algo por la mañana para soltar, visitamos algunas macrotiendas de
trail running (Au Vieux Campeur, impresionante), y después de comer marchamos camino de Grenoble.

Para entonces ya había dado muestras de mi conocimiento del francés, cada año mejor; no me va a dar 4. Grenoble desde el Fort du Saint Eynard.para ganar un premio Goncourt, pero vamos, tremendo, impresionante, no se hablaba de otra cosa en Lyon y Grenoble y de hecho Le Dauphiné Libéré estuvo a punto de sacarme en la contraportada, pero tampoco era cuestión de que me reconocieran por la calle, así que pararon el asunto. Mis acompañantes decían que tengo la suerte de encontrar siempre a alguien castellanoparlante, pero eso son burdos infundios y maledicencias que no buscan sino desprestigiarme. Hablo francés. Punto.

Sigo, que no quiero divagar: En Grenoble habíamos alquilado un apartamento, bonito, moderno y en una buena zona, para los 6, y entre asentarnos, las compras para la estancia, y poco más, liquidamos el día, y programamos para el día siguiente la visita al Chateau de Vizille, la subida –en coche, claro- a  Alpe d’Huez, y algo de turisteo por Grenoble con Lucho el Rata, todo un crack.

Dedicamos el jueves a los trámites de la carrera, algunas compras y descansar, y casi sin darnos cuenta nos plantamos en el viernes por la mañana, con previsión de buen día, y de lluvias el sábado.

Viernes por la mañana… sus muelas, la carrera a las 7, habiendo dormido malamente, a las 5 ya en pie y pensando “¿Pero porqué el Señor no me llevó por el camino de la petanca?”.  Y no es ninguna broma.

Bueno, pues cargados como mulos, Arancha nos acercó al Parque Paul Mistral, enorme, con todo tipo de instalaciones deportivas y unas zonas verdes gigantescas, donde era la salida, y Bonnie se quedó con nosotros a vernos salir. Unos 550 corredores en nuestra modalidad, y además había una prueba de 100, otra de relevos, y la cuarta etapa de otra prueba consistente en hacer la UT4M en 4 días. Un pelotón enorme de participantes, en torno a 1000 personas, todo muy bien, con el dron y todo eso, las palomas volando por encima de nosotros y yo pensando: “Verás tú como a estos bichos les de por cagar ahora”.

Por otra parte, con los atentados y demás, había una cierta prevención y, aparte de los de paisano, que seguro que los había, había por allí unos muchachotes vestidos de caqui con todos los pertrechos y el fusil automático (el FAMAS) colgado y a mano; pensé en pedir un hierro de aquellos a ver si me dejaban soltarle una ráfaga a las palomas, pero el FAMAS tiene mucho retroceso y además aquellos zagales no tenían cara de mucha guasa, así que me abstuve, no fuéramos a liarla.

Antes de salir, la primera en la frente; noto frío en la parte baja de la mochila, y era porque se había picado uno de los soft-flask U-glow que compré el día anterior, 11 euros tirados a hacer puñetas. Bueno, a lo que vamos, doble control de material y nos colocamos en la salida. En principio la idea es acabar la carrera los dos, y juntos si es posible; hemos venido juntos a esta historia, y aquí dos juntos suman bastante más que por separado. Además, casi todos los participantes son franceses, sólo hay un 2 % de extranjeros, casi no debe haber castellanoparlantes, y Guti puede tener problemas de comunicación. Yo no, porque hablo francés. Obvio.

Pegan el tiro –los del FAMAS no, los organizadores-, y arrancamos, al principio es una marabunta, pero se disgrega rápido porque vamos trotando por avenidas muy anchas, y cuando salimos de Grenoble el pelotón va suelto, sin agobios, y llevamos 4.5 km totalmente llanos, pero empieza lo bueno.

Y lo bueno fue el primer macizo, Vercors, con un kilómetro vertical en 8.4 km, y después otros 660 metros más en 3 kilómetros, hasta llegar a La Moucherotte a 1.900 metros. Cogemos nuestro ritmito, tratamos de tener controlado el uno al otro, vamos avanzando a buen paso y llegamos a La Moucherotte antes de las 11.

El asunto del control de los tiempos es muy bueno. Durante meses fui haciendo una hoja excel con un cuadro de tiempos bien estudiado, el tiempo programado para cada tramo y cada parada, los desniveles… todo, con idea de imprimirlo y llevarlo en carrera, y en efecto, lo imprimí… y lo dejé en el apartamento de Lyon. En definitiva, que antes de salir le hice una foto con el móvil a la pantalla de la tablet, por si me hacía falta, y realmente ni lo miré. Como además no funciona bien la web de los resultados, no puedo daros datos exactos, un poco desastre.

Como digo, subimos a La Moucherotte, primeros pises, bajamos medio kilómetro trotando rápido hacia el avituallamiento de los remontes de Lars en Vercors, como siempre me quedo atrás en el avituallamiento, aprieto un poco y alcanzo a Guti. Esto es una preciosidad, muy bonito el recorrido por este macizo, señalización sobrada, paisajes muy bonitos, y avituallamientos espectaculares; de hecho en uno de ellos me pareció ver a Sérgio, el churrero de Alegrete, pero ya sabéis de mi estricto respeto a la dieta, así que no me acerqué.

Todavía en un rosario de participantes subimos otro medio kilómetro hasta el Pic Saint Michel, y después bajamos otros 1.600 metros –en menos de 7 kilómetros, maravilloso- hasta Saint Paul de Varces; llenamos los bidones porque hace calor y nos lo hemos bebido todo, y después de subir y bajar llegamos hasta Vif, base de vida del km. 40.3, donde veríamos a las familias.

Llegué a Vif antes de las 16:00, y al poco llegó Guti, que en Saint Paul de Varces empezó a no respirar bien, de modo que se tumbó a descansar e intentar que se abriesen los pulmones. Mientras tanto, fui al baño a, bueno, al baño, y en plena concentración, sonó la alarma del pabellón y a ver cómo me quedaba allí. Salí como pude, y era una falsa alarma, para mí que era algo de ataque químico…

Pues eso, avituallamos, nos despedimos y una hora después de la llegada continuamos camino, con intención de ver a las familias en Laffrey, ya en el macizo de Oisans.

Salí despacio con Guti, dispuestos a comernos otro kilómetro vertical hasta el Col de la Chal, pero no marchaba, íbamos despacio y le costaba respirar. Vaya, que respirar, respiraba, pero no lo suficiente como para avanzar deprisa; paramos un rato, decidimos tomarlo con tranquilidad, subimos el Col de la Chal, y andando, andando llegamos a Laffrey (PK 53.4). Allí le echó un vistazo el médico, le midió los parámetros, que estaban bien, y le dio la clave: “Su problema está en el estómago, tómese un omeprazol”. De lujo, oiga: se lo tomó y al rato estaba mejor. Yo aproveché para cambiarme, dejar la ropa corta y ponerme las mallas largas y la camiseta de manga larga, todo rojo, parecía una cereza, precioso de tó; menuda guasa me montó Guti.

Bueno, pues saliendo juntos de Laffrey estuve charlando con un corredor del Jura que ya había participado en ediciones anteriores y me alertó: “No pienso correr nada porque hay que llegar con fuerza a la bajada a Riouperoux – fin de este macizo, mitad de la carrera-, que es rompedora”. Vamos a ver, ya sabía que era un descenso fuerte, 1.350 m en 5 kilómetros, pero no está de más que a uno le recuerden estas cosas, y de hecho lo que hicimos fue andar y andar, trotando algo en las bajadas. Este corredor además nos dijo algo muy importante: Habían anulado parte del macizo de Belledone por las nefastas condiciones meteorológicas.

Poco después de salir se nos echó la noche, nos colocamos las chaquetas de membrana, las Marmot Essence que compramos el año pasado en Chamonix, y cuando llegamos a La Morte (PK 65.1) allí había un montón de gente durmiendo, algo que nos extrañó porque no esperábamos ver a alguien durmiendo tan pronto la primera noche, a priori era una mala estrategia de gestión del sueño.

Tuvo su guasa porque estaba sentado tranquilamente, pasó a mi lado la masajista, me miró de arriba abajo, calcetines y buff blancos, todo lo demás rojo como una cereza, y me dijo algo, sin duda en un dialecto, porque si hubiera sido francés lo habría entendido, claro. En definitiva, tuve que preguntarle qué quería decir, y me soltó: “No sabía que había venido Papá Noel”. Menos mal que no lo oyó Guti; si llega a oirlo, habría habido que internarlo.

Nos avituallamos y seguimos en marcha, ahora camino del Pas de la Vache, otro kilómetro vertical en 5 kilómetros, y después bajamos hasta Lac Poursollet (PK 77), allí llegué antes que Guti y cuando había dejado recado para él a una voluntaria española, y estaba a punto de salir con idea de llegar pronto a Riouperoux y descansar, llegó él y salimos juntos de nuevo.

Aquí empezaron mis problemas con la mochila, y es que por alguna razón se me aflojaron las correas, no las apreté bien, y la mochila empezó a bailar y a hacerme daño en la espalda.

Después de Lac Poursollet tuvimos un par de horas de pequeñas subidas y bajadas, en torno a los 2.000 metros de altitud, pasamos amaneciendo junto a neveros y unos lagos muy bonitos, y después, al llegar al Chalet de la Barrière, empezamos a bajar: una barbaridad, 1.350 metros en 5 kilómetros; al principio bien, pero luego empecé a desconcentrarme por culpa de la mochila, la tierra suelta y demás, y pegué algunos resbalones plenos de habilidad, en plan Mira quien baila, y tal.

Con la llegada a Riouperoux, PK 88.2 más bien largo, sobre las 8:45 de la mañana y con 2 horas sobre el corte, terminamos el macizo de Oisans y a partir de ahí empezaba el de Belledonne. En esta base de vida teníamos nuestras bolsas, y me duché cambié de ropa, pero estábamos más bien justos de tiempo, Guti terminó antes, se veía más justo y salió con una hora y veinte sobre el corte. Yo tuve que esperar a que me vendasen la espalda para evitar los problemas con la mochila, y en cuanto acabaron de prepararme y comí algo, salí con unos 20’ de desventaja respecto a él y una hora sobre el corte.

De acuerdo con aquel viejo axioma que dice: “En las carreras europeas, después de un pueblo siempre hay una cuesta”, nada más salir de Riouperoux teníamos el inevitable kilómetro vertical, 1.030 m D+ pero esta vez en 3 kilómetros, con un cuarto kilómetro llaneando por el bosque antes de llegar a Arselle. La cuestión es que, duchado, cambiado y comido, me ví bien y me encontré a gusto; de alguna manera tenían que notarse los cientos de kilómetros, y decenas de kilómetros de desnivel en São Mamede. Eché mis cuentas, pensé que Guti subiría a unos 450 metros / hora y si yo subía a 600, llegaríamos juntos a Arselle.

El kilómetro vertical era como a mi me gusta, pendiente uniforme, zetas y más zetas y terreno limpio; apreté y en la primera hora clavé los 600 m de ascensión, pero claro, me calenté y tuve que parar donde los guías de montaña -porque en esta carrera, y esto es muy importante, en los pasos complicados no había voluntarios, sino guías de montaña- antes de seguir en modo persecución a saco, hasta el punto de que, si bien no pude alcanzar a Guti antes de Arselle, sí estaba allí cuando llegué.

En Arselle vimos que íbamos mucho mejor –cómo no íbamos a ir bien, si subimos como locos, y en vez de las 3 horas y media que daban para el más lento, tardé 1h40-, y nos dijeron que iban a mantener los horarios de corte aunque debido a la lluvia caída y a que había tramos expuestos peligrosos no íbamos a subir al Grand Colon; de hecho a nuestra altura empezó a llover antes de llegar a Arselle, y no dejó en varias horas.

En fin, que me coloqué la chaqueta de membrana, equipo Marmot a full, y después de Arselle fuimos subiendo y bajando hasta la estación de esquí de Chamrousse. Si no recuerdo mal era el kilómetro 97, y oye, como todos los avituallamientos, los voluntarios animando muy amablemente, nos pusimos hasta arriba de sopa de verduras y muy amablemente nos dijeron que teníamos 17 kilómetros hasta el siguiente avituallamiento en Freydières, vía Seyglière. In the rain. Ay.

Salimos juntos bajo la lluvia y en mi afán de perder el tiempo, me paré, esta vez a ponerme el sobrepantalón. Subimos un cuestón enorme, dejamos a la derecha la Croix de Chamrousse, y después pasamos sobre las obras de restauración de una cantera abandonada, muy divertido, estaba el terreno suelto y embarrado por el paso de las máquinas y la lluvia, y era una pista de patinaje.

Poco después alcancé a Guti y nos metimos por los caminos en medio de un bosque; nos habían dicho que había menos kilómetros de carrera, pero la realidad es que el recorte estaba más en el desnivel que en la distancia. De hecho Freydières estaba donde tenía que estar, en el 113, pero nos habíamos ahorrado 600 metros de ascenso. Ya sé, saldrá el clásico diciendo que no la hice entera y que vuelva, que esto no 2. En Freydières.tiene mérito. No sé si lo tiene o no, pero que vuelva él.

Este tramo se nos hizo pesado, no por dificultad, sino porque aunque bonito, era todo muy parecido, no muy ondulado, y había pocos corredores, de modo que resultó un poco aburrido, y nos alegró mucho encontrarnos a una señora que un par de kilómetros antes nos anunció que el avituallamiento estaba cerca.

Llegamos a Freydières antes de las 17, y al poco llegaron Arancha, Bonnie y los niños, estuvimos comiendo, y después de llanear algo por la carretera salimos en dirección a Versoud, con su correspondiente kilómetro vertical en descenso para despedirnos de la Belledonne. Maravilloso, un barrizal arrastraculos, con fantásticas piruetas dignas de Pinito del Oro.

No es que importase gran cosa, porque aquello era una papa de barro, pero para entonces afortunadamente ya había dejado de llover y no volvió a hacerlo hasta que bajamos al fondo del valle y pasamos Versoud, último pueblo antes de la base de vida den Saint Nazaire.

Como para entonces había dejado de llover y el día era templado, ya habíamos guardado las membranas, pero al empezar a lloviznar la saqué, me extrañó que Guti no la sacase, y dijo una de esas frases para la historia: “No me la pongo, esta lluvia es pasajera”. Hora y pico diluviando, fíate tú del Maldonado de Mar del Plata.

Después de un hartón de andar por la vega del Isère llegamos a las 20:20 a la base de vida de Saint Nazaire les Eymes, kilómetro 125 aproximadamente, donde teníamos intención de cenar, ducharme, cambiarnos, dormir 40’ y salir pitando a comernos la última maratón, por el macizo de Chartreuse.

No hice bien nada de eso: Cené mal, me lavé sin poder ducharme porque si me duchaba se me iban a despegar las vendas de la espalda, me acosté sin taparme de modo que no dormí bien y me desperté 3. En Saint Nazaire, ennortado.totalmente confuso, casi peor que antes de acostarme. Sí me curaron las ampollas de los dedos pequeños, muy agradecido, y poco después de las 22:00, con tres horas sobre el corte, salimos.

Como siempre, Guti había salido antes, de modo que puse el modo persecución a saco para intentar alcanzarle pronto, y al finalizar el par de kilómetros de asfalto previos a lo bueno, lo alcancé, hablando con una voluntaria que estaba chequeando el material (y no dejando pasar a quienes no llevaban bastones aunque no fuesen obligatorios, porque iba a ser absolutamente imposible avanzar sin ellos en aquel barrizal).

Ya me imagino que estáis pensando en otro kilómetro vertical para empezar la Chartreuse, y efectivamente, allí estaba, pero con muchísimo barro, un pasito p’adelante María, un pasito p’atrás por un sendero en medio de un bosque, clavando los bastones y agarrándonos a lo que podíamos, resbalones y culazos varios. Lo peor es que el Habert de Chamechaude estaba a 1.570 m de cota, PK 137, y llegamos cerca, pero nos hicieron bajar casi 200 metros antes de subir de nuevo, todo con mucho barro, y eso desmoraliza.

A esas alturas yo ya estaba preocupado, me daba cuenta de que estábamos marchando muy despacio, el corte en el Habert era a las 4:00, estábamos bajando y sin visos de subir, más resbalones y culazos, y al final de la bajada nos encontramos a un voluntario pendiente de que no hubiese problemas con un rebaño de vacas. Íbamos a llegar sin problemas, pero no me fiaba y al preguntarle me dijo que nos quedaba una hora para el Habert; mal, muy lejos, y me agobié porque era la 1:41, con otra hora más llegaríamos a las 2:41, cuando saliéramos las 3:00, y ponte a apretar en un barrizal, subiendo hasta cota 2.000 y luego otro kilómetro vertical para abajo.

Mientras yo hablaba con el voluntario, Guti aprovechó para caerse, al parecer  con habilidad digna de Bailando por un sueño, pero cuando llegué ya se había levantado, y empecé a meterle prisa porque verdaderamente veía complicada nuestra situación de carrera, y no estaba dispuesto a acabar allí, a 30 kilómetros pestosos para la meta. Ya iba en plan vamos-vamos, tirando de él, cuando a falta de algo así como un kilómetro y medio para el Habert oí un resbalón y un grito de dolor; Guti había resbalado y había caído sobre un costado, poca altura pero mala caída, y le dolía una barbaridad. Me dijo que tirase para adelante y que no arriesgase la carrera, pero no iba a hacerlo y dejarlo allí, de modo que seguimos juntos, despacito hasta el avituallamiento. Iba muy dolorido, y en el Habert se tomó la pastilla sublingual del dolor extremo, con efecto en 15’. Nos dijeron que el recorrido no tenía mas cambios y que teníamos 4 kilómetros y 400 de desnivel hasta la cumbre del Chamechaude, nos calentamos, me abrigué bien, comimos algo y me mandó para adelante.

Salí despacio, esperando que me alcanzara pronto, y al ratillo noté que me había abrigado demasiado y tuve que parar a quitarme una camiseta térmica y el gorro. Al quitarme el gorro, por no estar concentrado, salió volando el frontal… un desastre, vaya. Además había algo mucho peor que no me cuadraba: La señalización estaba bien, pero no había subido nada en casi tres kilómetros, y por algún lado tenía que estar la subida. Por fin pasó otro corredor y me dijo que no, que realmente había un cambio en el recorrido y no se subía al Chamechaude, sino que por otros caminos iríamos hacia Le Sappey, que debía estar sobre el 150 y con el corte a las 8:00.

Esto ya era otra cosa; probablemente también habríamos llegado sin problemas, pero esto era otra garantía, debíamos tener algo más de 4 horas para menos de 10 kilómetros aunque fuesen por un barrizal, y nos sobraría mucho tiempo. Noté un punto de luz más atrás, le grité y era Guti, de modo que le esperé para explicarle, me confirmó que estaba mejor y seguimos para adelante, nada ya de correr; todo era barro, las piernas no eran las de dos días antes, no había necesidad de arriesgarse a una –otra- mala caída, y con apretar el paso y no dormirse, debía ser suficiente.

Precisamente esa era la cuestión, el sueño. No me dormí, pero sí que en alguna ocasión saqué la planilla de horarios que Arancha me había dado en Freydières, y lo que debía ser apenas medio minuto para consultarla se transformaba en un rato siguiendo a Guti porque lo había perdido de vista. Conclusión: O me costaba muchísimo trabajo leerlo y hacer los cálculos, que no debía ser porque estaba bien hidratado, o tenía momentos de desconexión y me quedaba adormilado de pie.

5. Equipo Marmot en el Fort du Saint Eynard.En fin, sobre las 6.30 llegamos a Le Sappey, comimos algo, descansamos, me saqué infructuosamente barro de las zapatillas, ya con las plantas de los pies blancas y reblandecidas por tantas horas macerando en agua y barro, y con las primeras luces nos pusimos en marcha camino del Fort du Saint Eynard, sobre el 153, una de las fortalezas que debían defender Grenoble de los ataques provenientes de Saboya.

Una vez en el fuerte, por fin vimos Grenoble de nuevo, ya tuvimos la sensación de tener la carrera hecha y más tranquilos hicimos alguna foto. Bajamos por el bosque en dirección al Col de Vence, que separa el monte donde está el Fort du Saint Eynard del monte donde está la Bastilla, y pasamos el control con algo así como hora y media sobre el corte, que estaba fijado para las 10:15. El problema es que no actualizaron la página y las familias se alarmaron al ver que tardábamos en pasar el control.6. Desde la Bastilla

Estos kilómetros ya eran un paseo, hablando de carreras en Europa y Argentina, llegamos a la Bastilla, a 5 km de meta, y bajamos hasta el Isère hablando sobre la forma de entrar en meta.

Esta charla fue muy interesante, y coincidimos en que hay que entrar en meta como se ha corrido: si usted ha ido dándolo todo, entre en meta a cuchillo, pero si ha ido acompañando tranquilamente a otro compañero, compórtese y no le esprinte en la recta de meta; si usted ha ido trotando y andando, y va a llegar de los últimos, trote si puede para dar gracias al público, pero no esprinte como si estuviera fresco o fuera a batir un record de Kilian, que no va a engañar a nadie. En definitiva, compórtese como debería comportarse en la vida diaria.

7. A punto de cruzar el Isère.              8. Uno para meta, amigo.

Bueno, pues cruzamos el Isère –impagable el cartel de “Chuck Norris nunca corrió la UT4M”- y ya con Bonnie y los niños fuimos hasta el parque Paul Mistral, donde a 200 metros de meta nos adelantó otro participante que después de trotar y andar dos días y pico, quiso entrar esprintando –Esos cohones, en Despeñaperros, como dijo Caracol el del bulto-.

Nosotros entramos en meta trotando tranquilamente, con un tiempo de 52h29’ para en torno a 168 km y 10.000 m 9. Entrando en meta, única foto oficial.D+, y puestos 250 y tantos, aunque eso sea lo de menos. En meta nos ofrecieron unas chucherías o un tapón de licor de hierbas de Chartreuse –conociendo mi respeto estricto por la dieta, os podéis imaginar lo que elegí-, recogimos la camiseta y el chaleco de finisher, y para casa, muy contentos y con unas ganas enormes de ducharme, cambiarme y acostarme.

Vamos a ver, análisis de la carrera: La carrera está muy bien, es muy dura, un 49 % de abandonos, no  es cara y aunque los paisajes no son tan impresionantes como en la UTMB, sí son espectaculares y el recorrido es muy divertido; además los voluntarios tienen muchas ganas de ayudar, y los avituallamientos sólo quedan por detrás de los banquetes de Porto da Espada. La señalización es irreprochable, todo está perfectamente marcado, los puntos peligrosos también están señalizados y además en ellos hay guías de montaña. Además hay actividades para las familias durante los días de la carrera, así que poco más se puede pedir.10. Con flexibilidad y todo.

Aunque la organización lo hace bastante bien, hay algunos fallos: en algunos avituallamientos los voluntarios no sabían si había habido modificaciones del recorrido, los fotógrafos oficiales no daban abasto para cubrir todas las carreras, y para cuando llegamos no había chalecos de talla S ni M. Por otra parte, si hay modificaciones en el recorrido, cuesta muy poco mandar un mensaje de texto a cada corredor, que para eso llevamos el teléfono encendido.

Por supuesto este análisis es subjetivo e influido por el hecho de que alcanzásemos los objetivos, acabase la carrera sin sufrir, sin devastación y sin dolores –de hecho, ni me acordé de los analgésicos y antiinflamatorios- durante y después de 11. Y sin mala cara ni nada.la carrera. Me encontré bien, gestioné bien la comida y bebida, no tuve calambres, tirones ni nada de eso y sólo tuve problemas por la maceración de los pies –y después una sensación de hormigueo en los dedos de los pies, que desaparecerá-. En resumen, es una prueba a la que merece la pena ir.

Agradecimientos: Fundamental el apoyo de mi familia y de Bonnie, que estuvieron siguiendo la carrera, de mi club, Pretorianos de Tomares, con cientos de mensajes de apoyo y muchas horas siguiendo la carrera por internet, y de mis amigos, a los que no voy a citar para no dejarme a nadie. También fundamental la labor de David, el fisio que ha tratado este año mis problemas musculares y articulares, un fenómeno. Muchas gracias a todos.

Vamos ahora con el señor Gutiérrez: 

El señor Gutiérrez le echó un par de narices a la carrera, pasó momentos realmente muy malos antes y después de Vif, sin poder respirar bien y bloqueado, y en Chartreuse se resbaló varias veces; la caída mientras yo hablaba con el voluntario de las vacas lo dejó regular, y en la caída poco antes del Habert Chamechaude se rompió dos costillas –A Adán, Eva sólo le costó una-, algo que sospecho debe ser una sensación muy desagradable. Se tomó un analgésico de caballo, después un diclofenaco y se calzó los más de 30 kilómetros hasta meta. Con un par.

Dice que yo le ayudé mucho. También él me ayudó mucho a mi, y además sin él yo no habría ido a esta carrera, así que estamos en paz. Además estoy muy satisfecho de haber acabado juntos la carrera, he aprendido mucho de él, y admiro enormemente su capacidad de sufrimiento. Muchas gracias, amigazo.

https://www.facebook.com/UT4MGrenoble/videos/949323748529609/

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