TABERNAS 2015 – LA CRONICA DE CRIS LOPEZ

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SIN SOLEDAD EN TABERNAS..

Hoy vuelven a estar las montañas nevadas y el gélido aire ha azotado hoy mi cara mientras trotaba en la pista…
Cincuenta y cinco minutos que me han hecho pensar, primero en cómo te puede cambiar la vida, en segundos,…también me han hecho repasar, una a una, las distintas decisiones que han ido alterando lo que pudo haber sido o lo que realmente fue esta loca aventura.
Llegó a mis manos esta carrera con múltiples factores, tanto a favor, como en contra…
Vistas espectaculares, paisaje totalmente diferente al que estoy habituada en las carreras de montaña, un silencio absoluto, autosuficiencia, mi sombra y yo (como en tantas otras ocasiones hemos estado),…
También era consciente de muchos aspectos negativos, muchos, tantos que podría parecer, mi presencia sola, casi un acto suicida…
Una edición anterior con cuarenta participantes, calor, problemas de balizamiento, problemas de avituallamientos, mi “cero” orientación,…
Sopesé los “pro y los contra” y sin mucho pensar, me lancé…tenía objetivo y sólo un mes contado desde el día de la Maratón de Sevilla para entrenar “en serio”.
Esta Pretoriana lo iba a conseguir; pasearía su coraza por áridas tierras hasta meta…
A partir del día siguiente a la maratón, 290 kms fueron sucediéndose día tras día, tiradas con desnivel acumulado de más de 2.000 metros, paso a paso, constancia, esfuerzo y cabeza… Ante todo, no lesionarme, vivirlo, disfrutarlo, sentirlo….
Pronto cambió la historia… no iría sola, en primer lugar me acompañaría mi familia, incluido mi perro, eso me aseguraría llegar a…Tabernas!! (estaba claro que la gran preocupación era mi pésima orientación).  Más tarde aparecerían en mi aventura Alberto y Esther… querían convertirse en vaqueros a mi lado…
Por supuesto cambió mi mundo tal y como lo planeé…
Eramos un trío y lo viviríamos juntos independientemente de la preparación de cada cual…
Teníamos los datos, la dificultad, el bajo número de participantes, mochilas por llenar, ropa que preparar…
Siempre se puede complicar un poco más  todo, sí, en el desierto…puede llover, incluso diluviar, sí… ¿no viene en la Wikipedia? pues habrá que actualizarla…
Debo de tener un don oculto, no me libro, llueve allá donde vaya, algún día probaré en el Sahara y si lo consigo de nuevo, me afinco en África para acabar con la sequía de tantos y tantos poblados necesitados…
Forjamos un gran equipo las semanas previas, complicidad, risas, incertidumbre…
Miraban datos, 60 locos en línea de salida,…y aunque de sobra conocida es mi “no competitividad”, sabíamos que éramos sólo cuatro chicas en la Ultra, suponiendo un tercer puesto, tenía claro para quién iba a ser… aunque tuviese que darle un empujón  para que pillase la chapa ella…(Adelanto que nos dieron a ambas una copa de segundo puesto…un tesoro merecido por sólo llegar 28 a meta y de ellos sólo tres chicas).
No me dejo acobardar, respeto siempre, hasta en una carrera de 5 kms, pero jamás miedo…
Ante una prueba así creo que hay que tener seguridad en uno mismo, yo creía en mí…
Ante todo respeto a la vida, sólo tenemos una y hay que aprovecharla, existen factores que pueden sorprendernos pero algunos inexcusablemente están ahí desde antes y vamos en sobreaviso… Veinte kilómetros de subida, desniveles de hasta un 20%, cambios extremos y brutales de temperatura, poca sombra, autosuficiencia…
Si estás convencido que no te puedes enfrentar a eso… no lo hagas, “será por carreras…”.
A partir de aquí… podría comenzar a detallar esos 113-114 kms en los que hubo de todo, una salida con encuentros, saludos y mucha ilusión puesta en el camino,… una pista ancha que nos llevaría a unos toboganes que nos sumergerían en el desierto…
Nuestro fugaz paso por el mítico Fort Bravo que, aún dormido, empezaba a desperezarse con algún que otro vaquero…

El encuentro con la parte más dura del desierto, la Sierra Alhamilla y su famosa subida hasta las antenas… Veinte kilómetros de ascenso con unas vistas cada vez más espectaculares, montaña, costa… No es fácil subir si no disfrutas del camino (a pesar de ir bajando drásticamente las temperaturas…).
Pasé frío, cierto, iba preparada con guantes (puesto que mis dedos son mi punto débil) pero no eran lo suficientemente gordos… Pero disfruté tanto que para mí el dolor de las manos era secundario…
Luego tocó bajada, no fue todo lo rápido que esperaba pero… de recompensa, los últimos rayos de sol…
Llegamos al kilómetro 64, donde podríamos tomar algo y cambiarnos… Aquí he de recalcar que, aunque se nos apetecía algo caliente, macarrones o caldo, nos conformamos con una ensalada de arroz…… Sí, no esperéis en el desierto encontrar la calidez de un cuartel, “mesa y mantel”, dos o tres sillas que nos turnábamos entre los corredores que coincidimos en el punto y un cambio de ropa  a elegir entre “la interperie” o “como mejor puedas dentro de la furgoneta donde se encontraban las mochilas”…
Nos adentraríamos en la última parte del recorrido, subida dura a un cañón,
que prometía tener unas vistas espectaculares que mi frontal no llegaba a adivinar, con rampas del 20% …  Durante la noche me entretuve en desenredar todas las balizas que se liaban en los arbustos y se hacían de difícil visión, siempre les sería más fácil a los últimos corredores no desorientarse…
La bajada y el encuentro con la Planta Solar más grande de Europa, antes de nuestra llegada a Tabernas, ya es historia… , contratiempos y algún que otro despiste del que fuimos totalmente culpables por no prestar la suficiente atención…
Pero bien, aunque pueda resultar larga la historia (114 kms dan para mucho), yo, como siempre, en mi línea habitual, quisiera hablar de otras cosas… No corro para criticar si no es constructivamente, no me quejo de una cuesta que sé que había o del frío que pasé por la noche (no tuvimos escarcha como las plantas porque no paramos ni un segundo…), no.., no.., no….
Yo quiero hablar de sentimientos, de lo pequeña y a la vez gigante, que me sentí cuando subí a las Antenas, a pesar del frío que congelaba mis dedos, del aire que azotaba mi cara o de las nubes que me atravesaban veloces…
Yo quiero hablar de charlas embadurnadas de tierra rojiza, de piedras finas, de barro,…
Quiero hablar de momentos de complicidad que me guardo con celo,…
Quiero hablar de llamadas telefónicas con palabras de ánimo y aliento, de nuestros familiares y amigos, pendientes de nuestros pasos, de nuestras sensaciones,…
Quiero hablar de seguimiento vía WhatsApp y Facebook, intercambio de fotos, sensaciones, incluso de “apuestas”… Ya sabéis, no doy nombres, no me perdonaría dejarme a nadie en el tintero…
Hablaré también de esfuerzo y sacrificio,.., ahí hay un nombre… Esther (sí, abuela, tú) y hablaré de manos tendidas y de hombros en los que se apoyó (eh, Alberto, ese eres tú, que yo, poca chicha tengo para ofrecer…).
Hablaré de compañerismo, aquí se resuelven los problemas y damos otro paso…poquito a poco, será por horas,…
Quiero hablar de ilusión por dar el siguiente paso, de avanzar, de llegar a algún otro lugar,..hasta que el sol, inevitablemente, desapareció, agotado y pasé a la mágica luz de mi frontal en una noche silenciosa y estrellada…
Por último quiero hablar de Pretorianos…esos que nunca te dejan solo, esos que te apoyan en la distancia, los que se prestan a cualquier locura que “al cabecilla de turno” se le ocurra (Pepito, con el permiso del resto, te tengo que nombrar porque eres un fuera de serie).
Hablo de esos que siempre tienen tiempo para “cada cual y sus problemas”, y no hablamos de correr, hablamos de amistad, más aún… de familia…
Esos que sufrían pensando en una pérdida casi inevitable por el desierto…

Tengo que seguir hablando de Pretorianos porque se disfrazaron por mí, montaron una peli y me hicieron llorar antes de mis últimos veinte minutos el día previo… A ellos, sólo darles las gracias, no más, lo saben, me dejaron sin palabras…
Gracias a los sheriffs y alguaciles de Triana City, Tomarizona, Oklahoma al Whisky, Arganbansas y Trail City, fuísteis mi motor en los buenos y malos momentos,.. Tarareé la musiquilla, en vuestro honor, varias veces de día y en la noche, cuando el frío y el sueño se apoderaba de mis chicos, a punto de acariciar la meta…

Pensé que sufriría sola en Tabernas, mi soledad y yo…
Qué equivocada, jamás iré sola…por más que me empeñe…

Pretoriana Cris López
2017-03-21T18:31:24+00:00 abril 13th, 2015|Categories: 2015, Blog, Crónicas|0 Comments

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